RAIZ E INFRAESTRUCTURA: DOS INGREDIENTES CLAVES

Cristina Vélez Vieira

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En las últimas semanas hemos estado sumergidas en entrevistas para identificar cómo diferentes grupos están fortaleciendo, pensando y re-pensando el ecosistema de información en América Latina (ver más sobre este proyecto). 

Al hablar con periodistas, organizaciones de la sociedad civil y académicos de 13 países de la región, nos ha quedado claro que el ecosistema de la información es complejo y está compuesto por varios biomas interconectados con dinámicas internas, tanto en espacios analógicos como digitales.

Muchas personas nos han dicho que estos biomas no sólo se componen de información, contenidos y narrativas producidos y compartidos por diferentes actores, sino que también son los lugares donde la gente intenta construir un sentido de significado, legitimidad e identidad. En nuestras conversaciones, especialistas han señalado a menudo el desorden informativo como síntoma de un problema mayor. Esto se hace eco de la noción compartida por el periodista Jeff Jarvis de que la “crisis de la democracia no es sólo información“, sino más bien una crisis de pertenencia”.

Especialistas con quienes hemos hablado han sugerido que la salida a la situación actual podría estar, entonces, en enraizar (trabajar desde la raíz); es decir, localizar y territorializar la información, y vincularla a contextos más comunitarios -algo que también han señalado las periodistas Nina Weingrill e Izabela Moi, quienes, desde la pandemia, han estado analizando “la urgencia de invertir en ecosistemas informativos locales”. En esta línea, el Nieman Lab, un centro especializado en analizar el rol del periodismo en la sociedad, predice que en el 2024 las redacciones periodísticas empezarán a trabajar más estrechamente con organizaciones de base y activistas, pues más allá de la “industria de las noticias” la prioridad estará reconstruir algo más amplio: el diálogo cívico.

En nuestro mapeo ya hemos encontrado algunos ejemplos pioneros y vemos que esta tendencia ha empezado a moverse en América Latina. 

ALTERNATIVAS FRENTE A LA “FATIGA NOTICIOSA” 

Crear comunidad en coyunturas de incertidumbre empieza a ser una prioridad tanto para medios como para grupos de la sociedad civil. Para dar un ejemplo, LatFem, un medio feminista argentino acompañó a mujeres a juntarse para desarrollar campañas de comunicación popular en sus barrios en la reciente elección. A través de una mezcla de “afichadas, stencileadas, pintadas callejeras”, con grupos de conversación, moderados por ellas mismas en Whatsapp, se fueron resolviendo dudas y trabajaron para reconstruir la confianza en el sistema electoral y animar a las mujeres a votar.

También está VitaActiva, una línea de apoyo para periodistas, activistas y defensoras que, como parte de su trabajo, han enfrentado violencia digital. Como nos contó su directora Nicole Martin, si este tipo de situaciones no se abordan a tiempo terminan impactando en la salud integral, la motivación, las rutinas y el trabajo de personas claves para el ecosistema de información en la región. Siendo este una problemática que sigue creciendo en la región, según un informe reciente, el 83% de las editoras que escriben sobre temas de género están siendo afectadas por este tipo de violencias.

Algunas iniciativas han avanzado en generar sentidos de pertenencia y conectarlo con la comunidad y el lugar. Por ejemplo, la organización Rede Cidadã InfoAmazônia está fortaleciendo la conexión entre comunicadores comunitarios y medios independientes para amplificar y visibilizar historias de resiliencia climática. “La relación entre estas organizaciones y sus territorios es sumamente importante para que la información circule. Ellos son quienes mejor conocen los formatos adecuados para organizar, producir y distribuir contenido”, explica Débora Menezes, que fue coordinadora de la red.

Otra cosa que hemos identificado en nuestro mapeo es que en un mismo país conviven espacios de saturación informativa con desiertos de información. En regiones como el Caribe, pero también en otras partes de la región, encontramos que el cubrimiento de política partidista está por todas partes. Nos contaron que allí mientras “se desayuna, se come y se cena, con lo que hace el presidente”, hay muy pocos reporteros trabajando en temas de cambio climático. 

Historias acerca del clima sólo están presentes en 2% de las noticias publicadas a nivel regional, según un estudio de la Libélula con otros aliados. Por ejemplo, una persona entrevistada describió cómo en su país, Puerto Rico, no hay suficiente cobertura sobre la erosión costera, incluyendo cómo se está viendo afectada la gente y cómo está trabajando el gobierno para modular su impacto. En este tipo de contextos es donde el periodismo hiperlocal está llegando a dar respuestas – como es el caso de La Isla Oeste en Puerto Rico, Malayerba en El Salvador y La Región en Bolivia.

Otros proyectos les están apostando a escuchar más atentamente y a probar nuevas estrategias para “llegar donde están las personas”. Con esta motivación han surgido varios proyectos de periodismo de soluciones o de participación  en la región. Su idea es superar la “comunicación unidireccional” y llegar con historias e información a la gente sin asumir que “ya sabemos lo que necesitan””. 

Por ejemplo, el medio digital El Otro País en Paraguay se dedica a generar comunidad alrededor de preocupaciones ciudadanas del interior del país, las cuales son muy distintas a las de la capital Asunción. Desirée Esquivel, su fundadora, convoca a Meriendas Culturales. Allí las personas se sientan, debaten y buscan soluciones colectivas a problemáticas locales, que después son cubiertas por esta redacción. Así fue en el contexto del cierre abrupto de ruta Caacupé – Candia – Atyrá, que llevó a miles de pobladores a protestar pues tenían que desviarse dos kilómetros para cruzar media cuadra.

Hemos visto esfuerzos para fortalecer el “diálogo ciudadano” con la promoción de espacios de discusión para acercar a “extraños con extraños”. La idea es construir “sentido común” desde lo local. En Guatemala, el Instituto 25a lo hace en el contexto de la capital con su proyecto Avenida Comunidad, mientras Ojo con mi Pisto lo hace en zonas rurales. Este medio periodístico construye diálogos alrededor de cómo se están invirtiendo los presupuestos municipales en zonas rurales y forma comunicadores comunitarios en cómo investigar corrupción. Por último, en Colombia está Mutante y su proyecto Opuestos Dispuestos, que ha generado conversaciones entre población migrante venezolana y sus vecinos sobre las formas de discriminación que están viviendo para acceder a vivienda. 

EL SUEÑO DE UNA INFRAESTRUCTURA COLECTIVA 

Al mismo tiempo, hemos oído hablar mucho de cómo todas estas nuevas iniciativas necesitan algo más que voluntad, visión y buena onda para funcionar. Personas expertas de toda la región han señalado que es necesario pensar en cómo fortalecer las infraestructuras. Existe una realidad material que viene de tiempo atrás: falta de inversión pública, limitaciones de apropiación y cortes de Internet en la región.

Encima de eso, muchos han descrito que los espacios digitales están cada vez más fragmentados y privatizados. Como lo oímos estas últimas semanas de varias voces expertas, las plataformas cada vez son menos transparentes y abren menos datos para que sociedad civil e investigadores puedan investigar desinformación o sistemas de recomendación de contenidos que generen polarización o fortalezcan estereotipos.

Además, las personas que hemos entrevistado han destacado las formas estructurales y de vieja data de discriminación racial, de género y socioeconómica que afectan el acceso a la tecnología y los canales de comunicación en la región. En Bolivia, por ejemplo, hay tres idiomas oficiales además del castellano, pero la disponibilidad de medios de comunicación o fuentes de información en lenguas indígenas es limitada, a pesar de que cerca del 40% de la población del país es de origen indígena. En Colombia, la organización Ilex nos contó que en el caso del pacífico colombiano, la información legal, incluso la vinculada a la consolidación de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, no llega a poblaciones negras pues el Estado no la contextualiza ni la distribuye por los canales que estas comunidades consultan.

ÚNASE A NUESTRA TERCERA LLAMADA COMUNITARIA: ¿QUÉ TIPO DE INFRAESTRUCTURAS NECESITAMOS?

Identificando estos vacíos, nos gustaría abrir un espacio en nuestra tercera llamada comunitaria para hablar sobre: ¿Qué tipo de infraestructura necesitamos para crear colectivamente un mejor flujo de creación, distribución y recepción de información en América Latina? 

Para responder a esto, vamos a invitar a organizaciones que están trabajando para mejorar el ecosistema de información desde el punto de vista de comunidades indígenas y afrodescendientes:

  • Cómo están enfrentando estas limitaciones materiales, de fondos, de conectividad y de accesibilidad en sus territorios  
  • Qué tipo de apoyo a nivel de políticas públicas, alianzas, datos y tecnología están necesitando (lo que va en línea con la oferta de acompañamiento que lanzamos hace unos días desde The Engine Room)?
  • Y, por último, ¿cómo creen que podemos pensar en estos problemas no como ‘desafíos individuales’, sino colectivos?

Estamos seguras que esta conversación nos ayudará a enraizar aún más las preguntas que tenemos sobre ecosistemas de información en América Latina y a ver otras formas de construir dinámicas positivas y re-apropiación en estos espacios.

Nuestra llamada comunitaria tendrá lugar el 5 de marzo de 2024. Organizaciones,  periodistas y activistas interesados los esperamos y aquí pueden registrarse para unirse. Nota: Este evento se llevará a cabo en español.

ÚNASE A LA CONVERSACIÓN

Si no pueden asistir, pero aún así quisieran saber más de este proyecto y contarnos de sus perspectivas e iniciativas en este tema, pueden contactar a barbara@theengineroom.org.

Photo by Heather Suggitt on Unsplash

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